Agrupación Germán Abdala - Corriente CTA de los Trabajadores

20 años de la Marcha Blanca

El año 1997 había terminado con los docentes en la calle movilizados tras la consigna "Así terminamos, así no comenzamos". A comienzos de 1998 y frente a la inexistencia de respuestas por parte del gobierno, el conflicto se hizo inevitable. Pocos días antes del inicio del ciclo lectivo un Congreso Extraordinario votó la huelga por tiempo indeterminado.

A principios de 1988 el gobierno de Alfonsín se encontraba claramente debilitado por la derrota electoral sufrida el año anterior, donde se impuso el peronismo de la mano de la "renovación".

Desde mediados del año anterior la CTERA-Garcetti había planteado una serie de demandas. Continuaba la situación de fractura y el sector conducido por Garcetti, donde se encontraban la mayor parte de los sindicatos provinciales, había sido reconocido legalmente por el Ministerio de Trabajo, pero el sector de Arizcuren igualmente continuaba actuando.

En las escasas negociaciones que se llevaron adelante ese año no se llegó a ningún acuerdo. Frente a la fragmentación del salario y del sistema educativo, se plantearon lo que serían los ejes convocantes de la lucha del año siguiente: nomenclador básico común y unificación del sueldo básico del maestro de grado jornada simple en 770 australes, Estatuto Federal del Trabajador de la Educación, Ley Federal de Educación.

El 14 de marzo de 1988 comenzó el paro por tiempo indeterminado. El sector de Arizcuren también impulsó el paro exigiendo un básico de 1000 australes. Las negociaciones con el Gobierno Nacional, en la Comisión de Política Salarial, y con los gobiernos provinciales fueron infructuosas. El paro se cumplía con un gran acatamiento en todo el país, aún por los docentes no sindicalizados, los privados o de otros sindicatos tradicionalmente enfrentados a la CTERA, como la FEB, quien inició el ciclo lectivo con un paro parcial por 48 hs. El paro también se extendió a las Universidades, impulsado por la Confederación de Docentes Universitarios, CONADU. La CGT y en particular Saúl Ubaldini dieron apoyo. Se dio el hecho, inédito hasta ese momento, que el Secretario General de la CGT fuera orador principal en varios de los actos convocados por la CTERA, como el masivo acto realizado ante unas 30.000 personas, el 25 de marzo. También se produjo el primer paro de la CGT en apoyo a la lucha docente.

En el marco de la lucha, los sindicatos fueron tomando definiciones. Los sindicatos de La Pampa se unificaron en un solo sindicato: la Unión de Trabajadores de la Educación de La Pampa (UTELPA). La Asociación Correntina decidió no iniciar el paro, pues había negociado por su cuenta con el gobierno provincial. Un sector interno impulsó el cumplimiento del paro, con el apoyo de Mary Sánchez que viajó a la provincia. A partir de esta situación la Asociación Correntina fue sancionada y posteriormente quedó fuera de la Confederación, en tanto que de ese grupo de militantes que convocaron a la huelga nació el Sindicato Único de los Trabajadores de la Educación de Corrientes (SUTECO).

Poco a poco el sector de Arizcuren se fue desgajando. El PC y los sindicatos donde tenía influencia -la AMP de La Rioja, la UMP, ADEF y ADEMYS de Capital Federal- abandonaron ese sector pasada la mitad de marzo. Pero no todos se volverían a integrar en la CTERA.

La huelga se extendió durante 42 días. Intervino el presidente Alfonsín quien exhortó a levantar el paro; la CTERA rechazó las presiones. Algunas representaciones del justicialismo apoyaban el paro, pero los gobernadores justicialistas realizaron ofertas en sus jurisdicciones para intentar llegar a acuerdos con los sindicatos provinciales. El 16 de abril, pasado el mes de conflicto, el gobierno declaró la conciliación obligatoria, que fue acatada en un principio; como las negociaciones fueron infructuosas, vencido el plazo legal de la conciliación se retomó el paro el 19 de mayo. En particular resultó irritativo el descuento que 5 jurisdicciones llevaron adelante: Córdoba, Capital Federal, Río Negro, Tierra del Fuego y Corrientes.

Fue entonces que la docencia argentina protagonizó lo que muchos consideran una gesta histórica para la educación del país, en la lucha en defensa de la escuela pública junto al pueblo: el 18 de mayo, desde el norte, el sur y el oeste del país partió una marcha que convergió en la Capital Federal el 23 de mayo.

Según recuerdan los protagonistas, "en nuestra larga caminata de 6 días atravesando pueblos y ciudades, fuimos recibiendo de miles de argentinos, gente del pueblo y demás trabajadores la solidaridad expresada con afecto desde las casas y las veredas, en las caras sumándose a los cantos y la alegría, en las comidas comunitarias, en las fiestas en las plazas, los bailes populares, los globos y los fuegos artificiales, en las incontables veces que escuchamos "si son maestros pasen, no les cobramos", en ómnibus, en trenes. y el reconocimiento de que la gesta de los maestros evidenció que era posible luchar para recuperar la dignidad de la vida y el derecho a "recuperar la alegría de enseñar y aprender".1

Con un acto en el Obelisco, miles de trabajadores de la educación de todo el país llenaron varias cuadras de la avenida 9 de julio, en tanto la Plaza de Mayo permanecía cercada por las fuerzas de seguridad.

Al día siguiente, en un Congreso de la CTERA, si bien no se habían conseguido todas las reivindicaciones y continuaba debatiéndose el espinoso tema de los descuentos realizados por algunas jurisdicciones, se decidió el levantamiento de la medida de fuerza. Se había conseguido la aprobación de un nomenclador básico común y la unificación salarial en 21 de las 25 jurisdicciones. También el Congreso Nacional había sancionado un paquete impositivo para proveer un mayor financiamiento a la educación y estaba presente la expectativa por lograr la sanción de una ley de Paritaria Docente, impulsada por el diputado Carlos Auyero, finalmente sancionada.

Debido a que no todas las demandas se consiguieron, el levantamiento del paro provocó grandes discusiones y debates. En particular, en sectores de la izquierda -que desde este momento se convirtieron en algunos de los principales sectores de oposición en CTERA- se condenó este levantamiento, entendiéndolo como demostración del espíritu de "conciliación" propio de un sindicalismo burocrático. La conducción de la CTERA, por el contrario, consideró que el resultado político más importante, más allá de los resultados prácticos, fue lograr que el tema de la educación popular ocupara sostenidamente la atención y preocupación pública, generando de esta forma, las necesarias condiciones para la transformación educativa, al unificar la lucha nacional.

En el plano de la disputa interna, el paro y la Marcha Blanca terminaron de legitimar políticamente, más allá de los aspectos legales o formales, a la CTERA conducida por Marcos Garcetti como la auténtica representación sindical de los trabajadores de la educación. Esto no estuvo desligado de "haber asumido nuestra condición de trabajadores de la educación, en demostrar que además del justo reclamo salarial y condiciones dignas de trabajo, defendíamos el derecho a la educación con igualdad de oportunidades, y por sobre todo la defensa permanente de la "escuela pública".2

El VII Congreso Extraordinario de CTERA declaró el 23 de mayo Día del Trabajador de la Educación, para recordar que en sus luchas "los maestros no dejamos de enseñar, enseñamos a luchar".

1 "La marcha blanca". Página Web de CTERA.

2 Memoria de CTERA, período 1987/1988.Defensa de la Escuela Pública y Unidad del Sistema

En las provincias el retorno de la democracia encontró a los sindicatos docentes en el proceso de recuperarse y consolidarse como organizaciones gremiales, y en la necesidad de posicionarse frente a las innovaciones que encararon los gobiernos provinciales elegidos democráticamente.

El tinte fuertemente provincial de las reformas se debió a la transferencias de servicios heredada de 1978. Así, con diferentes niveles de acuerdo o confrontación, dependiendo de los procesos provinciales, tuvieron indudable protagonismo en el desarrollo de las políticas educativas sindicatos como AMSAFE, AGMER, UNTER, SUTEBA.La reivindicación que se hizo escuchar en la Marcha Blanca de una Ley de Educación, articulaba:- el pensamiento gestado en las luchas contra la reforma educativa de 1968 y que se cristalizó en el Congreso Nacional de Educación de Tucumán (1970) respecto de la necesidad de una Ley orgánica para la educación nacional; y - la necesidad de recuperar la unidad del sistema, fracturada por la transferencia e incipientemente amenazada por un reflujo de propuestas privatizantes que se escondían tras discursos pseudo-democratizadores o eficientistas.

En el discurso pedagógico de los defensores de la escuela pública, la segmentación educativa comenzó a ser denunciada como un síntoma del incipiente y novedoso (para la tradición homogeneizadora del sistema educativo argentino) nivel de desigualdad educativa entre provincias